La octagenaria Justa Causeut y el nonagenario Pedro Leyva dicen que ven similitudes entre las penurias de los años 30 del siglo pasado y la crisis actual. (FOT: Jose A. Rivera/EDLP)
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NUEVA YORK — “Quien se lleva de consejo, muere de viejo”, dice el refrán, y qué mejor que escuchar en estos tiempos de crisis económica el consejo de aquellos ancianos que sufrieron las penurias de la Gran Depresión en la década del 30, quienes basados en su experiencia pueden ver con más claridad la luz al final de túnel.

Ancianos entrevistados en el los Centros de Envejecientes Morris y Soundview en El Bronx no sólo dieron una panorámica de los tiempos difíciles del pasado, tanto en Estados Unidos como en otros países de Latinoamérica donde la crisis tuvo repercusiones, sino que también proporcionaron una lista de consejos para lidiar con la crisis actual.

Eladia Burgos, de 85 años, quien vivió durante la difícil década parte de su niñez y adolescencia, recordó ayer que en cada apartamento de Nueva York donde se mudaba la familia, se sentía mucho frío en el invierno, “porque los caseros no tenían dinero para comprara carbón para las calderas, y ellos mismos recogían leña en las vías de los trenes para alimentar las calderas”.

El detonante de la Gran Depresión se produjo el jueves 24 de octubre de 1929, conocido como el “Jueves negro”, con la quiebra de la bolsa de Wall Street, a causa de la especulación de los inversionistas.

En los Estados Unidos, el descenso del consumo hizo que las mercancías acumuladas crecieran, las inversiones se paralizaran y muchas empresas tuviesen que cerrar sus puertas.

“Había mercancías, y era barata, con cinco pesos usted hacía una compra, pero no había dinero para comprar, porque había mucho desempleo”, dijo Burgos.

La caída de la actividad industrial supuso una desocupación generalizada, de tal manera que se calcula que hacia 1932 existían en los Estados Unidos cerca de 13 millones desocupados.